Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son trastornos heterogéneos y complejos, y en su etiopatogenia pueden intervenir factores genéticos, biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales. De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association (APA), los TCA incluyen dos trastornos específicos: la anorexia nerviosa (AN) y la bulimia nerviosa (BN), y seis trastornos de la conducta alimentaria no especificados (TCANE). Tales trastornos afectan preferentemente a mujeres adolescentes y jóvenes. En las sociedades occidentales, sobre todo en la americana, también se observan otras alteraciones alimentarias subclínicas relativamente frecuentes en adolescentes, mismas que consisten en prácticas extremas de control de peso, como tomar píldoras adelgazantes, ayunar durante un día o más, realizar ejercicios extenuantes o provocarse el vómito. Una de las características de los TCAes que en ellos ocurren conductas de alimentación anómalas como respuesta a la insatisfacción con la imagen corporal de la persona.

Es frecuente encontrar en las personas que padecen TCA pensamientos distorsionados con respecto a su peso (sentimientos de inferioridad, baja autosestima debido a su imagen física) y su salud; por ejemplo, piensan que estar delgado es sinónimo de salud o que el peso puede perderse rápidamente sin consecuencias para la salud. Las personas con un trastorno alimentario han desarrollado frecuentes comportamientos respecto a la comida y el peso que reflejan preocupación por la comida –como contar las calorías o medir el contenido de grasa– y por la silueta –como pesarse a menudo, someterse a dietas estrictas, realizar atracones, usar y abusar de laxantes–; en síntesis, la persona se siente desgraciada a causa de su apariencia o de su Peso.

La etapa más vulnerable relacionada con la imagen corporal es la adolescencia. Los cambios fisiológicos, cognitivos, emocionales y sobre todo sociales predisponen a los adolescente a una considerable preocupación por su apariencia física.
Las chicas se inclinan por ideales de belleza que se asocian a la delgadez, en su mayoría con tallas por debajo de lo que podría considerarse saludable, y los chicos por una imagen donde predomine la musculatura. Por consiguiente, en dicha etapa aumenta el riesgo de sufrir TCA, y los factores de riesgo con mayor apoyo empírico son la presión social para estar delgado, la insatisfacción corporal, el sobrepeso, las burlas por la apariencia física,
la interiorización del modelo estético delgado, el afecto negativo, el perfeccionismo,la dieta restrictiva y la baja autoestima.